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Bees in Rain: explorando los puntos de encuentro entre la ciencia y el cine

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Bees in Rain: Exploring the intersections of science and film. Image of Robbie I'Anson Price, PhD and Co-founder

Prólogo: Los medios de comunicación visuales han transformado la manera en que recibimos información, así que ¿cómo pueden los investigadores utilizar medios como el cine o el video para comunicar sus conocimientos científicos? Le hemos preguntado a Robbie l’Anson Price, del estudio de cine científico Bees in Rain, sobre el futuro de la comunicación científica y su enfoque sobre la creación de películas que compartan información científica con públicos diversos. Hemos aprendido que tanto el efecto sobre el público como la narración de la historia son importantes, pero también lo es el transmitir la humanidad de la ciencia con sinceridad. Esta entrevista es parte de nuestra colección de encuentros con empresas innovadoras que apoyan el trabajo de los investigadores. 

¿Puedes contarnos qué te llevó a formar el estudio de cine científico Bees in Rain? 

¡Claro! Soy científico y también artista y creo que una buena comunicación científica nunca ha sido más importante. En Bees in Rain también sabemos que nunca ha sido tan difícil. Estamos al tanto de que cada video que publicamos tendrá que competir con los millones de videos más que se cuelgan en internet cada día. Por esta razón, Bees in Rain se creó con un proceso muy claro para la producción de películas. Se centra en hacer que nuestro trabajo sea cercano al público al que va dirigido y en publicar cada pieza con una estrategia de difusión a largo plazo. Sabemos que, si nuestro trabajo no se ve, por muy bueno que sea, el proyecto no puede considerarse un éxito.

¿A qué tipo de público llegan vuestras películas de ciencia y en qué lugares del mundo se han proyectado? 

Ah, la importante cuestión del ‘público’. Depende del tipo de proyecto y sus objetivos, que guiarán nuestras técnicas de narración, estilo visual, o lugar de publicación del proyecto. Al fin y al cabo, se trata de adaptar el producto a las personas para las que será útil. A mí, personalmente, me han proyectado películas de tendencia más artística en festivales de todo el mundo. Este tipo de difusión no llega necesariamente al público al que va destinado, ni siquiera a un gran público, pero resulta reconfortante ver el trabajo en la gran pantalla. 

¿De qué manera ayudan las películas científicas a fortalecer el vínculo entre los investigadores y el público? 

Es una buena pregunta, porque no todas las películas científicas lo hacen. Muchas instituciones siguen haciendo vídeos corporativos en los que un científico habla a la cámara sobre su trabajo mientras vemos b-roll de alguien en un ordenador o en un laboratorio. Estos vídeos tienen su lugar y pueden ser muy interesantes; sin embargo, en mi opinión no están fortaleciendo las relaciones. En los últimos años se ha producido una nueva oleada de comunicación científica creada por científicos que, gracias a la mayor accesibilidad de los nuevos medios, cuentan la historia de su ciencia y su experiencia como científicos. Estos vídeos, junto con el discurso que los acompaña, brindan al público la oportunidad de implicarse de verdad y comprender las experiencias de los investigadores y el mundo de la investigación científica. 

¿Qué crees que es más importante para comunicar los resultados de un proyecto de investigación en una película científica? 

La claridad en los objetivos del trabajo es muy importante. Sin ella, puede que acabes haciendo una gran película, pero es poco probable que tenga impacto. Cuando el presupuesto y el tiempo son ajustados, como suele ocurrir, unos objetivos claros también te orientarán sobre cómo utilizar mejor tus recursos. 

¿Cómo enfocas la manera de tratar conceptos abstractos o invisibles, como por ejemplo la comunicación entre bacterias o la física?

Siempre buscamos el equilibrio entre la proximidad y la originalidad. En el caso de los conceptos más abstractos, encontrar los aspectos más cercanos es especialmente importante, por lo que dedicamos tiempo a encontrar una analogía adecuada que el público pueda reconocer. A veces empezamos con sonidos o música que creemos que captan el tema, otras veces recurrimos a un juego de improvisación en el que damos vueltas en círculo completando la frase “la comunicación bacteriana es como…”. Esto produce bastantes tonterías, pero hace que fluya nuestra imaginación. También tenemos la gran suerte de poder recurrir a nuestras diversas habilidades artísticas en las fases de diseño de un proyecto, y resulta muy útil no estar limitados a la hora de dar vida a una idea abstracta. 

Te has mantenido activo a la hora de mostrar tu propia investigación a través de películas. ¿Qué respuesta recibiste cuando publicaste tus resultados científicos de esta forma? 

Sí, escondidos en las profundidades de Internet están los primeros vídeos que hice. En ellos hablaba de mi “día a día como científico” mientras me grababa realizando experimentos para mi doctorado. Estudiaba la danza de las abejas melíferas, así que al menos los sujetos de mi trabajo eran carismáticos. La respuesta fue positiva porque tuve la suerte de estar rodeado de gente que podía ver el viaje de aprendizaje en el que me encontraba. Recomiendo encarecidamente probar algo así durante un doctorado; fue una experiencia formativa para mí, aunque no es algo que mostraría normalmente a los clientes. 

¿Qué papel crees que desempeñarán los medios audiovisuales en el futuro de la comunicación científica? 

Creo que seguirá siendo muy importante, pero sin duda van a cambiar las formas en que creamos y difundimos los medios cinematográficos. El año pasado empezamos a ver el potencial de la IA y me entusiasma ver cómo está transformando mis procesos de escritura, producción de vídeo y forma de compartir mi trabajo. Ya estamos viendo algunos programas impresionantes de conversión de texto a vídeo que potencialmente eliminan la necesidad de una cámara y un estudio… ¡es todo muy emocionante! Sin embargo, en la ciencia y la comunicación científica, la precisión es un imperativo y el arte generativo aún está lejos del nivel de detalle necesario para demostrar las complejidades de la función de la membrana celular, por ejemplo. Por ahora y, en mi opinión, mientras sigamos comunicando la ciencia, seguirá siendo necesaria la colaboración entre científicos, comunicadores científicos y artistas si queremos hacer justicia a este proceso vital.

Agradecimientos

Queremos dar las gracias Robbie por compartir su experiencia.

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